miércoles, 28 de agosto de 2019

CAPITULO 2 (en el que Basildo intenta entender el lio en el que le han metido)

El bulevar que está junto al Quore, que quizá en otros años estuviera lleno, estaba ahora vacío. No se podía decir lo mismo de los bares a ambos lados de la calle, claro, pero en concreto de este si. El suave viento del verano azuzaba las ramas de los árboles y mecía las hojas. La luna brillaba, o al menos lo que se mostraba de ella, ya que apenas era una fina uña en el cielo nocturno. Sigurd se iba fijando en estos detalles mientras Basildo, aún confundido y perdido trataba de hacerse a la situación. Una mirada rápido del primero le hizo comprender que esto iba a ser complicado e intenso. Así que se puso en movimiento y decidió que era un buen momento para llevarle a un parque. Lideraba un poco la marcha mientras trataba de que su amigo no huyera por un ataque de pánico. Porque como lo hiciera, ya podía correr Sigurd detras de él. No le apetecía.

Tras una ligera caminata, Sigurd decidió que a la mierda, que ni parque ni pollas. El primer banco que encontraron cerca de un colegio bastaría. No pasaba nadie y no tenía pinta de que así fuera a ser. Así que se sentó, cruzó las piernas e invitó a sentarse a Basildo. Tenía la misma expresión que podría tener una persona a la que le han dicho que su pareja le ha sido infiel ya no con un amigo, sino con todo el pueblo, combinada con una necesidad demasiado imperiosa de respuestas.

- Bueno, pues...- empezó Sigurd-... esto...
- Y encima no sabrás empezar- le soltó Basildo ya un poco tocado de la moral.
- Se empezar- le contestó Sigurd tratando de no quedar por debajo en el tono- Es solo que no es sencillo, joder.
- Pues a ti te ha resultado muy sencillas un par de cosas
- Callate y escucha- dijo Sigurd sosegándose y dirigiendo su mirada hacia el fondo de la calle.- El otro día, y de esto hace un par de semanas ya, tuve una situación chunga en el hotel. Una cola entera de clientes cabreados. La situación era de pesadilla. Hojas de reclamaciones, mucha tensión, insultos, ganas de suicidarse, etc... y ya cuando todo eso pasó, se me acercó una mujer.
- Esa parte de la historia me suena. Al menos la última.
- No, no te haces una idea. No hubo atracción alguna- le fijo echándole una mirada y una sonrisa.- Pero si que hubo admiración. Porque tronco... aguantar eso es el infierno. Montones de clientes creyéndose los amos del cotarro, montones de desalmados con ganas de bronca, etc. El trabajo de cara al público en todo su esplendor.
- Me hago una idea, si.
- Pues espera que viene lo bueno- dijo Sigurd tratando de reunir algo de fuerzas.- La mujer es una preciosidad. Con un gusto por el rojo... exclusivo. Como yo con el negro, vamos. Y me ofreció trabajo. Uno con el que iba a poder disfrutar de todos esos privilegios que no había tenido por falta de dinero.
- ¿De vampiro?- dijo Basildo mas sorprendido todavía
- No, carajo, el ser vampiro no te da dinero de por sí. Me ofreció trabajo en su organización.
- Oh dios mio. Esto me suena.
- Echa el freno que aún no te he dicho como se llama.
- Sorprendeme- dijo Basildo con cierto aire de confusión. Porque no sabía si pudiera sorprenderse aún mas.
- Nocturna.- dijo Sigurd tratando de sonar serio. Y así lo hubiera sido de no ser porque Basildo se echó a reir con muchísima intensidad.- No se, no me hace gracia.
- Que es ridículo. No recuerdo una organización de Vampiros con un nombre mas obvio que ese.
- Pues espera que te diga que soy el lider de la organización en Alcorcón

Basildo dejó de reirse. Ahora entendía lo de Domine. Eso convertía a Sigurd en un vampiro lo suficientemente poderoso como para decidir sobre otros vampiros. Y además para decidir lo que hacer con su vida.
- Y deduzco que ahora me dirás el papel que voy a tener en todo esto.
- Oh si. Ahora es cuando me vas a amar. La organización necesita gente de confianza, y muchos de los vampiros de alcorcón hace tiempo que no tienen ni amigos ni gente de la que fiarse. Necesitan a nuevos y a sus amistades porque de otro modo las cosas se irían a la mierda.
- Guau. Eso es que tenemos un papel interesante.
- Tu en concreto... si.
- ¿Cual?
- Tu serás el Iudex. Basicamente eres el encargado de la... "policía".

Basildo se levantó. Si hubiera sido un mortal, su sudor se olería a kilómetros. Pero en vez de eso perdió los papeles y empezó a gritarle a Sigurd
- TRONCO, ¿ESTAS MAL O QUE TE PASA?
- Cálmate, Basil- dijo tranquilamente Sigurd. No parecía funcionar, eso si
- NO VOY A CALMARME, JODER, ME ACABAS DE CONVERTIR Y ME DICES QUE TENGO QUE SER LA POLICIA DE LOS INMORTALES, ¿TU DE QUE COÑO VAS?
- Cálmate- dijo Sigurd esta vez en un tono imperante, poderoso e irresistible. No por seductor, ni por bonito, sino porque no había manera de haberlo resistido.- Vale, ahora que ya te has calmado seguiré. Tu papel es bastante facilito porque tampoco hay apenas vampiros en Alcorcón. Si, deja de mirarme con incredulidad, la realidad es que hay como cuatro, mas o menos, acabamos de aumentar un tanto por ciento significativo la población de vampiros en la ciudad solo por convertirte. Y uno de ellos es tu... ¿sire? ¿Podemos emplear ese término? Bah, da igual, se lo preguntaré luego a Lorena
- ¿Quien es Lorena?- le preguntó Basildo un tanto mas en sus cabales pero sintiéndose un poco aplastado por la situación.
- La que me hizo. El caso es que ademas con lo que nos ha propuesto Nocturna, no debería ser difícil tener una población de vampiros bastante controlada. Si escogemos a la gente adecuada. Pero como creo que ya sabes lo básico sobre lo que me pasa, es tu turno de preguntas

El silencio se cernió sobre ellos. No le salía nada que preguntar. Era todo demasiado confuso.
- Bueno, si quieres te digo yo cosas y tu me paras- soltó Sigurd viendo que se estaba escapando de las manos la situación.
- Si, por favor, que creo que estoy un poco gilipollas- Basildo dijo esa frase queriendo en realidad estar borracho. Muy borracho. Pero no le salía.
- Venga, va. Te contaré lo típico. Eres un vampiro y bla bla bla. Te afecta el sol, pero el fuego no tanto como los juegos te han hecho creer. El agua no te quema, y tampoco el jabón, así que podrás seguir duchándote tranquilitamente. El ajo no te repelerá, pero... si que te dará bastante asco, a mi me pasa desde que soy vampi. Necesitarás sangre de los vivos para alimentarte, eso creo que lo sabes, y en un par de horas yo que tu iría a buscar un vater porque lo vas a necesitar.
- Oh mierda- afirmó dándose cuenta de algo esencial para su metabolismo
- Exacto


No tardó ni un par de horas. El organismo de Basildo se había adaptado demasiado rápido y el proceso de excreción de todos los órganos que no eran necesarios ya había empezado a darse. Volvieron al Quore, que estaba al lado, y allí Basildo experimentó un dolor curioso que le recorría todo el cuerpo. Eran oleadas muy punzantes que se repetían a medida que su sangre se daba cuenta de que había algo que purgar. El olor, que sin duda podría tumbar de lo apestoso que era a un humano mortal, cubría mas distancia de lo que habría imaginado, y no se acercaba nadie a las escaleras del servicio solo del asco. Pero, como le iba diciendo Sigurd desde la puerta, eso pasaba y era natural.
- Mira, mientras te alivias, que veo que ya no te quejas, te cuento alguna cosilla mas- le dijo Sigurd cuando notó el silencio a su alrededor- Tienes poderes. No se cuales porque esto ni siquiera va por clanes ni mierdas de esas. El caso es que hay poderes que son personales y otros que tenemos todos.
- Bluaaaaaaaargh- escuchó Sigurd desde adentro. "Fuck, se me había olvidado eso".
- Si, a ver, es una alternancia que también ocurre. Luego llamo para que limpien.
- Te estoy odiando ahora mismo- dijo Basildo con voz llorosa
- No, hombre, no exageres- dijo tratando de quitar hierro al asunto.- Si estamos aquí para disfrutar la noche

Cuando salieron, con Basildo visiblemente mejor y ya repuesto, este ya estaba mas vigoroso y decidido a recorrer las calles de la ciudad. Así que en su marcha, Sigurd aprovechó un poco para contarle el resto de cosas referentes a su naturaleza.
- La sangre para nosotros, como ya sabes porque eres muy nerd del tema, lo es casi todo. Con ella podemos desarrollar nuestro físico, podemos hacer cosas sobrenaturales, etc. Pero luego ya sabrás que tenemos cualidades que afectan a otro nivel, y que dependen de nuestra voluntad por que estas ocurran. Antes, por ejemplo, te he mandado calmarte.
- Ha sido espectacular. No he podido ni evitarlo- dijo Basildo asombrado.
- No funciona igual de bien siempre. Pero a grandes rasgos se que no todos tenemos ese poder. Yo lo tengo pero también tengo otros poderes que no se ni como usarlos.
- ¿Nadie te puede enseñar?
- No lo se. Es que hay un poder que es llamar al rayo practicamente, pero no puedo apuntar. Me enfado, sale un rayo, golpea por los alrededores y ya. Solo me sale cuando me cabreo de verdad. Es que encima es un chivato, no puedo disimular, asi que tengo que aprender a no enfadarme a menudo o lo voy a flipar.
- ¿Y cual crees que puedo tener yo?
- ¿Me lo preguntas? ¿En serio? Desealo con todas tus fuerzas y haz que esa mujer de allí- le dijo señalando a una mujer que paseaba por la calle con un vestido ajustado de vinilo- se fije en ti. Solo que se fije en ti.

Basildo miró a la mujer. Tardó un par de segundos, pero lo deseó con todas sus fuerzas. Y entonces algo ocurrió. La mujer se fijó en él, sonriéndole con un color tan blanco en los dientes que desconcertó a ambos. Sigurd, que se temía a donde podía conducir la situación, habló:
- Suficiente- Basildo obedeció


Las calles, o eso les estaba pareciendo a los dos, parecían mas vivas y coloridas en esta noche que en todas las otras noches de su vida. No porque las noches estuvieran mas llenas de vida o no. Sino porque ahora se sentían en su ambiente natural. Adultos y adolescentes paseaban por calles que bien pudieran tener la misma vida que las calles de día en invierno, las luces eran demasiado luminosas, y los bares, por vacios que estuvieran, estaban llenos para su gusto. Tras un pequeño caminar, Sigurd se detuvo junto a un edificio que en otro tiempo había sido una tienda de pintura, en un edificio cualquiera junto a Parque Lisboa. Abrió la verja, vieja y ruidosa, y encendió la luz del local. Era una ruina, estaba sucio y luz era intermitente, pero era suyo, y se sentía orgulloso, ya que era su propiedad mas preciada.
- Te presento nuestro refugio- dijo con una sonrisa de oreja a oreja
Basildo tuvo que rascarse los ojos para creerselo. Vale que unos vampiros que se preciasen no podían llamar la atención, y ese lugar llamaba la atención solo para que las miradas se apartasen al segundo. Pero es que el blanco de las paredes estaba recubierto del gris del polvo. Y el suelo tenía una capa de suciedad que clamaba a gritos un barrerse.
- ¿Esta mierda es nuestro refugio?- dijo Basildo un tanto asustado
- ¿Esto?- dijo Sigurd sorprendido- No, no, esto es la entrada. El refugio está abajo.
En la trastienda había unas escaleras que bajaban a un sótano el cual si que estaba bien iluminado y tenía instalaciones dignas. Era una grandiosa habitación sin contacto con el exterior, como cualquier otro sótano, pero tenía todo lo que necesitaban. Había estanterías, mesas, camas, y dos cuartos de baño.
- Vale, vale, lo retiro, me gusta.
- Por hoy creo que te he soltado demasiadas cosas, así que mañana habrá mas.
- Eeeeeehm vale, pero ¿no crees que debería avisar a Klaus de que no voy a ir?- dijo pensando en que aquí se hallaba un punto crítico. Ahora Sigurd le dominaría y le haría olvidar a sus seres queridos y sus amigos. Era lo corriente en sus historias.
- Es que no se por qué no lo has hecho ya, yo tengo que avisar también a mis padres. Se podrían preocupar- le dijo Sigurd con toda la naturalidad del mundo
- ¿Cómo que...? ¿Es que lo saben?- dijo Basildo mas confundido que nunca
- Claro, y mis amigos también. ¿Por quien me tomas? Son mis confidentes, no se van a chivar.
- Pero... ¿y la mascarada?
- ¿Eing? Eso no existe. Tu solo disimula y que no te pillen. Es como tu trabajo. Tienes que comer, por tanto no se lo digas a todo el mundo. Pero creo que confías en algunas personas. Si por casualidad esas personas nos delatasen a todo el mundo si que habría un problema, pero para eso tienes tu que explicarselo a solo unas pocas personas.
- Bueno, tiene sentido.
- Por cierto, mañana tenemos una tarea imprescindible que hacer. Así que te necesitaré porque lo vas a hacer tu en parte. Tenemos que crear mínimo dos vampiros. La agencia Montejo no se va a hacer sola.
Sigurd se tumbó en la cama. Al momento de hacerlo parecía un cadaver tirado. Dejó de moverse y sus ojos se cerraron.

Basildo trataba de ordenar un poco sus pensamientos. Miró el reloj. Lo cierto es que iba a amanecer. Envió un mensaje a Klaus diciendo que no le esperasen en casa ese día ya que tenía una gestión importante y se prometió decirle lo que ocurría a la noche siguiente.

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