jueves, 29 de agosto de 2019

CAPITULO 3 (en el que Sigurd cuenta su plan y se les unen sus amigos)

Se levantaron casi al mismo tiempo, con el torso elevándose a gran velocidad para quedarse estáticos mientras sus ojos se abrían. Era indudablemente de noche. Sigurd se levantó, acercó a un armario, cogió una muda limpia y entonces se metió al baño a ducharse. Basildo, sorprendido con lo rápido que había pasado el tiempo, se seguía preguntando si había siquiera dormitado. El tiempo simplemente parecía haber sido recortado de la existencia el desde que mantuvo los ojos cerrados, y se le hizo un segundo. Como había dos baños, Basildo intentó ver si tenía algo de ropa en algún armario. Algo que le dejó confundido era que en efecto, lo había. Tenía ropa que literalmente era suya. Pero claro, como su conversión fue algo que tenían previsto, lo mas posible es que mientras tanto algún agente de Nocturna hubiera cogido las cosas de su casa y se hubiera largado como si nada. Al menos eso quería pensar. Tras estirarse, notó dos cosas. La primera era que tenía algo de hambre. La segunda que el cuarto de baño era bastante grande. Posiblemente ese sótano hubiera sido un almacén, al cual habían añadido mucho espacio. La verdad es que era imponentemente enorme, había hueco y armarios para unos cuantos, así como para camas, y mesas espaciosas.

Se metió en la ducha y abrió el agua caliente. No notaba que saliese caliente así que siguió subiendo. Pero el agua seguía igual, así que la puso al tope, y ya cuando empezó a notar un ligero escozor, pensó que era buen momento para bajar la temperatura. Pero tampoco supo muy bien como hacerlo porque le parecía un poco lo mismo, así que siguió bajando. El caso es que se duchó al final y ya cuando terminó se miró al espejo. Pegó un grito. Ahí no salía él. La visión era la de un vaporoso engendro espectral con forma indefinidad cuyo único rastro visible de vida eran los ojos, que en eso si se parecían. Por lo demas la forma estaba difuminadísima, no permitiendo reconocer rasgo alguno de él. Se peinó un poco como pudo y comprobó que en efecto el agua caliente era mejor no abrirla. No la notaba y había partes de su piel que estaban muy peladas.

Mientras tanto, Sigurd, que ya se conocía los pormenores de ducharse siendo inmortal y no iba a tardar tanto, salió y cogió su movil. Tocaba hacer un par de peticiones y ver los mensajes de sus servidores diurnos. De momento todo tranquilo. Escribió a un par de personas, a su madre, un par de grupos de amigos y se puso a sonreír. Aprovechó también para avisar a Klaus, quien compartía piso con Basildo, para que no se preocupara. Le dijo que tenía que hacer un par de gestiones muy importantes con él y que trataría de soltarle lo antes posible. Con el visto bueno de Klaus, tocaba hablar con Martello, el informático de Alcorcón. Para su siguiente misión necesitaba localizaciones exactas, y él era el hombre indicado.

Tras salir Basildo, le hizo sentarse en una de las sillas junto a la mesa mas pequeña que había.
- Bueno, Basil, hoy tenemos trabajito y espero que estes preparado. En mas de un aspecto- dijo con determinación.
- No se si lo estoy, pero ya que estamos...- respondió Basildo ya un tanto resignado- Aunque te admito que tengo hambre.
- Manten ese hambre, Basil, que hoy te vas a saciar mucho- dijo con una sonrisa un poco mas grande.- Te cuento un poco. Como ves hay espacio aquí, lo notas ¿verdad?
- Si, lo cierto es que si. Es casi como un enorme club social.
- Exacto. Por eso va a ser el refugio de la Agencia Montejo. Si, nuestro grupo de Whattsapp. A los que aún, por supuesto, no he dicho nada de esto.
Basildo eso lo sabía. Llevaban días sin saber de él, asi que era natural que eso no hubiera pasado.
- Si vas a montar eso necesitamos a sus integrantes. Un poco por mantener el rollo, ¿no?
- Eso es. Quiero que seamos el grupo de amigos de siempre. Inmortales y preparados para una vida eterna de buen rollito e intensidad. Sobre todo de intensidad.
- Si, eso te iba a decir, que en general la intensidad es nuestra especialidad- dijo Basildo ya sonriendo- Pero no entiendo lo que tenemos que ver en realidad con Nocturna. ¿Va todo junto o son planes separados?
- Va junto. Nocturna quiere eso, clubes de amigos para que se lleven bien y no se den puñaladas traperas por toda la eternidad, que parece ser que eso ya ha sucedido. Así que todos amigos y no hay que preocuparse de los picores de espalda repentinos.
- Vale. Eso tiene sentido. Imagínate durante siglos teniendo que librar una guerra eterna que no lleva a nada solo por ansias de poder.
Rieron ambos a carcajada limpia. Inocentemente.
- Pues eso, vamos a por amigos- dijo Sigurd mientras estaba aún con la sonrisa en la boca.- Tengo 2 candidatos para empezar. Pero quiero que me digas tu quienes tienen que ser
- A ver, como fundador del grupo de Wa, yo veo que Bauty tiene que estar.
- Si, esa era una opción.
- Y la otra persona... - dijo Basildo un poco con la mirada baja- mira, yo se que puede haber personas que tengan otra serie de métodos en plan financieros, u organizativos, ya sabes como es Bego, etc... pero por dios, convirtamos a Adela.
- Era mi otra persona. Exacto, eso vamos a hacer.- callaron ambos mirándose con aprobación- Es que se lo merece joder. Una vida guay si es que a esto se le puede llamar vida, fuera de la monotonía normal.
- Si, tio, es que es de lo mejor del grupo- afirmó Basildo- Es un encanto de chica, y siempre procura llevarse guay con todos,... tenemos que convertirla.
- Si. Y no te preocupes que he localizado a nuestros dos candidatos.
- ¿Ya?- preguntó asombrado Basildo- Qué rápido
- Tenemos un informático guay en la organización. Italiano.



Bauty era directamente una figura mitológica. En los albores de la humanidad, alguien mencionó a Bauty y todo el mundo supo quien era. Bueno, desde los 90 realmente. Del siglo pasado. Pero esa fama era real, a la que te descuidabas, Bauty estaba ahí. Y era una completa realidad. Mas alto que Sigurd y un poco mas que Basildo, con algo de musculatura pero presumiendo de barriga cervecera, pelo corto y expresión a medio camino entre estar serio y no estarlo nunca, Bauty era un crisol de cosas en general. Se definía más por lo que los demás decían de él que por lo que él decía. Y le habían llamado de todo. Machista, fascista, comunista, anarquista, neoliberal, nazi, payaso, sinvergüenza, y un largo etc el cual se la soplaba casi tanto o mas como los títulos ya mentados. Quizá el de anarquista no se la soplaba tanto, pero era esa clase de anarquista neutral que no te esperas que realmente sea anarquista. Y menos aún debido a sus vestimentas, salidas de la tienda pija de turno. Un día las camisetas de Helloween fueron sustituidas por los polos de Pedro del Hierro.

Las calles de Madrid eran un hervidero de gente. Por fortuna las de Fuenlabrada, que era donde estaba Bauty, no. Miró Bauty su movil. Y había un mensaje de Basildo. Había encontrado a Sigurd, y le había contado cosas increíbles. En una mezcla de preocupación y ganas de saber que coño estaba pasando, Bauty le preguntó que donde estaban. Basildo solamente tuvo que acercarse y tocarle el hombro. Bauty pegó un respingo
- Que susto, hijo de puta.- dijo mientras le daba un abrazo- ¿De dónde has salido?
- Pues nada, que ya sabía que estabas aquí- le dijo inocentemente Basildo
Bauty dudó un momento, tratando de no mirar demasiado al horizonte, cosa que se le daba fatal cuando reflexionaba su respuesta.
- Es que la idea es no solo que no lo sabes sino que no lo sabe nadie- dijo tratando de recuperar su compostura habitual- Digo mas, es que no se lo he dicho a nadie. Pero a nadie. Estoy aquí un poco por sorpresa porque tengo un asuntillo, pero no lo debería saber ni Peter.
- Es que en realidad has quedado conmigo. Y no, no tengo tu miniatura- dijo Basildo sonriendo
- Vamos a ver- dijo Bauty aún mas desconcertado que antes.- ¿Con qué número dices que me has contactado?
- No ha hecho falta número
- Había un número, yo he escrito.
- No, no, no lo había
- Basil, me cago en mis muertos, que lo había
- Mira el movil a ver si es verdad

Por motivos que en realidad Bauty no comprendía, en efecto no había un número de teléfono con el que hubiera contactado con absolutamente con nadie para ir a Fuenlabrada, lo cual hizo que los colores de la piel de ambos tuvieran el mismo tono blanquecino. El teléfono se le cayó a Bauty de las manos solo. Ahora solamente podía mirar a Basildo, con desconcierto absoluto.

- No entiendo lo que tiende a ser una soberana mierda- dijo Bauty- Y para que yo no entre en pánico necesitaría dos cosas. La primera que me emborracharas tremendo. La segunda es una explicación que espero que tengas preparadísima.
- Venía ya con ella, si- dijo Basildo aún con su característica sonrisa. Pero aligeró el proceso enseñando el colmillo derecho. Bauty puso cara de sorprendido y se llevó las dos manos detras del cogote, como para poder reaccionar a una realidad que empezaba a escapársele.
- Me cago en mi puta vida, Basil- dijo con una expresión entre el terror y la sorpresa- ¿Qué está pasando?
- Vente conmigo que te lo cuento.- dijo dándole una palmadita en la espalda- Y de paso te cuento lo que le pasa a Sigurd.
- Dime que me vas a emborrachar por favor.



No lo podía negar, Sigurd estaba muy nervioso. Se planteaba todos los fracasos posibles antes siquiera de haber llegado a Vallecas. Y eso era lo que le preocupaba. Porque no había hecho nunca algo parecido, y porque además no se trataba de una persona cualquiera. Era Adela, joder. Tratar de describirla requiere no solo una descripción física, sino toda la parte de ella que no podías ver a simple vista. Porque para empezar, Adela era un amor de persona. Desde el punto de vista de un narrador neutral, ese era el único punto de vista aceptable. De hecho, de una forma objetiva, todas esas personas descritas como "amores", solo lo eran un determinado círculo. Adela no. Era amor, punto. Objetivamente era una buena persona, y se le notaba no solo en sus actos sino en sus disculpas, por otra parte abundantes de forma preocupante. Era una persona con un poco mas volumen físico que Sigurd, con el pelo largo y el flequillo corto. Pacífica, tranquila y muy emocional, Adela era una de las mejores amigas de Bauty, aunque a veces se cuestionase siquiera por qué. Pero la realidad superaba a la ficción, y Adela, que era contraria a Bauty en demasiados aspectos, luego había estado ahí siempre, igual que Bauty para con ella. Todo lo descrito hacía que en la cabeza de Sigurd imperase un terrible miedo. Porque si moría, si no salía bien, Sigurd directamente prefería tirarse a las vias del tren. Tal era la estima que tanto Sigurd como Basildo, como Bego (de quien hablaremos pronto) como Bauty tenían para con ella. Del resto de la agencia vamos a ver... teníamos a Irene, que es su mejor amiga, luego ya sabemos que ahí estima hay. Por narices. Muchísima. Y luego de Laura no había tanto conocimiento porque apenas se habían visto así que en realidad el círculo estaba completo.

La indicación del mapa señalaba a un edificio. Luego, pensó Sigurd, es que estaba en una casa. ¿Llamar? No sabía cual era. Por un momento pensó en cantar. Pero para que le tirasen piedras todos como que no. Pensó en sus poderes. No sabía atraer de la misma manera que Basildo. No se podía convertir en murciélago (ya lo había intentado) ni en niebla ni en animales. Probó con correr y saltar. Puso su corazón a latir para probar a donde podía llegar. No se esperó el resultado. Estaba casi al otro lado de la calle de un solo salto. Si lo controlaba, se dijo, podría llegar a las ventanas, la mayoría estaban abiertas por el verano. Por qué no intentarlo, no quería estropear la sorpresa.

Ronquidos. Indudablemente Adela estaba durmiendo. La figura en pijama de una chica tirada en su cama era llamativa pero real. Lo que pasaba, y es por esto por lo que menos mal que Sigurd actuó rápido, era que había un vampiro en el alfeizar de la ventana, agachado y mirando con sus ojos inyectados en sangre. Porque por algún extraño motivo, sus colmillos estaban relucientes, blancos y brillantes aún con el cielo nocturno.
- Cálmate- dijo Sigurd usando su poder. La expresión de terror dio paso a una relajación que aunque forzada hizo que se tranquilizase al instante.
- ¿Sigurd?- dijo Adela un tanto incrédula- Pero ¿qué cojones? ¿Qué haces aquí? ¿Dónde habías estado?
- Por partes, tranqui.
- Baja de ahí, por dios.
Cierto, si. Mejor abajo, pensó Sigurd. Ya bastante impresión la había causado. Así que Sigurd se sentó en la cama.
- Venga, va, ¿por dónde empiezo?
- Yo que se, estas en mi casa, has entrado por la ventana, tienes esos ojos...- dijo Adela asustada
- Es que tengo hambre
- Me estas traumatizando mazo
- Mira, sin sutilezas, soy un puto vampiro- dijo Sigurd, que estaba empezando a ponerse nervioso a su vez- Pero es que no sabía como llamarte y...
- Con el puto movil- le dijo cogiéndolo- lo coges, me llamas y no me tienes que dar un susto como ese.
- Ya, ya, lo siento- dijo Sigurd tratando de controlar la situación, pero estaba notando que se le escapaba- Mira, no tengo mucho tiempo. Deja que te cuente mi historia y lo que me pasa.



Basildo caminaba con Bauty junto a la estación Central de Fuenlabrada. Bauty, aunque alucinando, escuchó toda la historia que le contaba Basildo. De Sigurd, de cómo le convirtieron la noche anterior, de cómo ahora estaban en Nocturna, y de cómo querían meter a la Agencia Montejo
- Perooooo- dijo Bauty- Escucha. ¿Qué pasa si no quieren?
- Pues ya está.- dijo Basildo
- ¿cómo que ya está?- desconfió Bauty- ¿No les pasa nada?
- No. Sigurd tiene aún a sus amigos y a sus padres y les ha dicho todo. Y aquí sigue, de Domine de Alcorcón.
- Vale, eso resuelto.- dijo Bauty mas confiado en lo que le habían dicho- ¿Y el trabajo?
- Eso lo sabe Sigurd, pero vamos... que creo que está bien pagado.
- Todo parecen mas o menos ventajas
- Y podrías incluso jugar a Warhammer en una casa propia en una mesa SOLO para Warhammer
Bauty sonrió como un niño pequeño ante un caramelo.
- Vale, me gusta.
- ¿Aceptas?
- Hombreeeeeeee- dijo Bauty seguro de si mismo.

El mordisco le pilló de sorpresa. Basildo estaba muy hambriento y Bauty estaba demasiado flipándolo. En un segundo el flujo sanguíneo le recorrió todo el cuerpo mientras notaba como se activaban todos los nervios. Por un momento creía que no era la sangre lo que le chupaban, pero nunca antes una succión ejercida sobre él le había parecido tan placentera y extasiante. Notaba la erección con tremenda fuerza tratando de rasgar sus pantalones. Entonces, y tras unos breves segundos, los colmillos de Basildo soltaron el cuello de Bauty, haciendo que este cayera por inercia al suelo. Basildo se rasgó la muñeca y le dio un par de gotas. Reaccionó casi al segundo, sintiendo la imperiosa necesidad Bauty de succionar ese dulce nectar. Lo necesitaba. Quería chupar y chupar, quería esa ambrosía, ese licor divino. Así que forcejeó con Basildo, que intentaba librarse por todos los medios, pero Bauty quería seguir, y lo que en un principio eran unas gotas, se convirtió en un largo trago que hizo que Basildo sintiera dolor por primera vez en su renacer. Bauty, ahora con su nuevo don, estaba teniendo sensaciones imposibles de describir. Pero se le antojaron insuficientes.
- La puta madre, illo- dijo Bauty con los ojos alucinados- Estoy brutísimo
- Me has hecho bastante daño- dijo Basildo tirado en el suelo mientras cerraba el corte con su sangre. Eres un puto ansias
- No ni na- dijo Bauty aún recordando lo que acababa de pasar- Dime que esto es lo que se siente al beber
- Si. Te lo digo porque no es mi primera vez ya bebiendo
- Pues- dijo Bauty sonriendo de oreja a oreja- Quiero mas.



- Entonces quieres que sea como tu hija, ¿no?- dijo Adela, quien a pesar de fliparlo en colores había prestado atención
- No porque seas como mi hija, sino porque queremos que seas vampi también- dijo Sigurd resumiendo todo- Te haces vampira, te pagamos porque estaremos trabajando, yo soy el jefe, por cierto, te vienes a nuestro refugio, tienes poderes y... bueno, en realidad solo es eso. Pero es mejor que lo que yo por ejemplo tenía antes.
- A ver, es que no pierdo nada- dijo Adela- Y gano dinero pero viviendo en otro sitio, hay gente que lo puede saber... no le veo la desventaja.
- Que te tengo que desangrar primero. Pero es un momentito- dijo Sigurd tratando de no ser demasiado brusco. Aunque lo había sido.- No lo demores mas que me estoy poniendo nervioso, dime si es si o no.
- Vale, es si.
Con un grito ahogado, Adela notaba toda su circulación sanguinea en movimiento mientras era invadida por todas esas extrañas y placenteras sensaciones que recorrían cada pequeño rincón de su cuerpo. Le vinieron recuerdos. Pero todos ellos estaban eclipsados. En un principio creyó estar incómoda, pero pasó al instante mientras se notaba mas viva que nunca. Y cuando paró, un líquido se deslizaba por su boca. Mas dulce que cualquier cosa, pero sin empalagar. Mas delicioso que cualquier bebida, comida o sustancia. Y se dejó llevar por su ansia. Sigurd notó como unas mandíbulas se cerraba alrededor de su herida. Quiso zafarse pero unos brazos le rodeaban firmemente. La succión era tremendamente poderosa y, al contrario que con Lorena, lo que tenía ante si no era un acto calculado, sino una violencia de la que tenía que acabar librándose. Pero era una mole de puro acero que no podía quitarse de encima. Trató de hablar pero era difícil. Optó por gritar.
- SUELTAME, JODER- ordenó. Y sin embargo, aunque soltó, Adela no lo hizo porque se lo ordenara. Sino porque había oído el grito de su amigo y algo en su cabeza hizo contacto,
- Perdón, perdón- dijo juntando sus manos- No quería hacerte daño, ¿estas bien?
Sigurd estaba dolorido. Notaba todo en su brazo. Y no se podía creer la terrible fuerza que ahora tenía Adela.



- Así que vamos a hacer la Agencia Montejo- dijo Bauty sonriendo mientras estaban aún en el metro de camino a Alcorcón.
- Es el plan de Sigurd, si- dijo Basildo- Y parece que tiene buena pinta todo. Ya veras el refugio.
- ¿Dónde está él, a todo esto?
- Ha ido a por Adela. Espera poder convertirla también.
- Ouuuuh, mama



Sigurd tenía una expresión mezcla entre el horror y el orgullo. Estaba ya en la calle con Adela y se dirigían en coche a Alcorcón. Un individuo había dicho cosas muy feas a Adela y entonces, antes de que Sigurd pudiera ordenar que se metiera la cabeza en el culo, de forma literal además, escuchó un sonido parecido al que podría tener un melón reventado por un petardo por dentro. Solo que no era un melón. Era una cabeza humana. Despues, como si de una botella de ron se tratase, Adela le había dado un trago directamente del cuello aún sangrante y se lo había ofrecido a Sigurd como si fuera un refresco. Había creado a la criatura mas aterradora que había visto nunca, y era su amiga. Llamó al equipo de limpieza para que le trajeran a alguien en esa dirección y cogieron el coche. No pronunció palabra alguna hasta que llegaron al refugio por fin.

miércoles, 28 de agosto de 2019

CAPITULO 2 (en el que Basildo intenta entender el lio en el que le han metido)

El bulevar que está junto al Quore, que quizá en otros años estuviera lleno, estaba ahora vacío. No se podía decir lo mismo de los bares a ambos lados de la calle, claro, pero en concreto de este si. El suave viento del verano azuzaba las ramas de los árboles y mecía las hojas. La luna brillaba, o al menos lo que se mostraba de ella, ya que apenas era una fina uña en el cielo nocturno. Sigurd se iba fijando en estos detalles mientras Basildo, aún confundido y perdido trataba de hacerse a la situación. Una mirada rápido del primero le hizo comprender que esto iba a ser complicado e intenso. Así que se puso en movimiento y decidió que era un buen momento para llevarle a un parque. Lideraba un poco la marcha mientras trataba de que su amigo no huyera por un ataque de pánico. Porque como lo hiciera, ya podía correr Sigurd detras de él. No le apetecía.

Tras una ligera caminata, Sigurd decidió que a la mierda, que ni parque ni pollas. El primer banco que encontraron cerca de un colegio bastaría. No pasaba nadie y no tenía pinta de que así fuera a ser. Así que se sentó, cruzó las piernas e invitó a sentarse a Basildo. Tenía la misma expresión que podría tener una persona a la que le han dicho que su pareja le ha sido infiel ya no con un amigo, sino con todo el pueblo, combinada con una necesidad demasiado imperiosa de respuestas.

- Bueno, pues...- empezó Sigurd-... esto...
- Y encima no sabrás empezar- le soltó Basildo ya un poco tocado de la moral.
- Se empezar- le contestó Sigurd tratando de no quedar por debajo en el tono- Es solo que no es sencillo, joder.
- Pues a ti te ha resultado muy sencillas un par de cosas
- Callate y escucha- dijo Sigurd sosegándose y dirigiendo su mirada hacia el fondo de la calle.- El otro día, y de esto hace un par de semanas ya, tuve una situación chunga en el hotel. Una cola entera de clientes cabreados. La situación era de pesadilla. Hojas de reclamaciones, mucha tensión, insultos, ganas de suicidarse, etc... y ya cuando todo eso pasó, se me acercó una mujer.
- Esa parte de la historia me suena. Al menos la última.
- No, no te haces una idea. No hubo atracción alguna- le fijo echándole una mirada y una sonrisa.- Pero si que hubo admiración. Porque tronco... aguantar eso es el infierno. Montones de clientes creyéndose los amos del cotarro, montones de desalmados con ganas de bronca, etc. El trabajo de cara al público en todo su esplendor.
- Me hago una idea, si.
- Pues espera que viene lo bueno- dijo Sigurd tratando de reunir algo de fuerzas.- La mujer es una preciosidad. Con un gusto por el rojo... exclusivo. Como yo con el negro, vamos. Y me ofreció trabajo. Uno con el que iba a poder disfrutar de todos esos privilegios que no había tenido por falta de dinero.
- ¿De vampiro?- dijo Basildo mas sorprendido todavía
- No, carajo, el ser vampiro no te da dinero de por sí. Me ofreció trabajo en su organización.
- Oh dios mio. Esto me suena.
- Echa el freno que aún no te he dicho como se llama.
- Sorprendeme- dijo Basildo con cierto aire de confusión. Porque no sabía si pudiera sorprenderse aún mas.
- Nocturna.- dijo Sigurd tratando de sonar serio. Y así lo hubiera sido de no ser porque Basildo se echó a reir con muchísima intensidad.- No se, no me hace gracia.
- Que es ridículo. No recuerdo una organización de Vampiros con un nombre mas obvio que ese.
- Pues espera que te diga que soy el lider de la organización en Alcorcón

Basildo dejó de reirse. Ahora entendía lo de Domine. Eso convertía a Sigurd en un vampiro lo suficientemente poderoso como para decidir sobre otros vampiros. Y además para decidir lo que hacer con su vida.
- Y deduzco que ahora me dirás el papel que voy a tener en todo esto.
- Oh si. Ahora es cuando me vas a amar. La organización necesita gente de confianza, y muchos de los vampiros de alcorcón hace tiempo que no tienen ni amigos ni gente de la que fiarse. Necesitan a nuevos y a sus amistades porque de otro modo las cosas se irían a la mierda.
- Guau. Eso es que tenemos un papel interesante.
- Tu en concreto... si.
- ¿Cual?
- Tu serás el Iudex. Basicamente eres el encargado de la... "policía".

Basildo se levantó. Si hubiera sido un mortal, su sudor se olería a kilómetros. Pero en vez de eso perdió los papeles y empezó a gritarle a Sigurd
- TRONCO, ¿ESTAS MAL O QUE TE PASA?
- Cálmate, Basil- dijo tranquilamente Sigurd. No parecía funcionar, eso si
- NO VOY A CALMARME, JODER, ME ACABAS DE CONVERTIR Y ME DICES QUE TENGO QUE SER LA POLICIA DE LOS INMORTALES, ¿TU DE QUE COÑO VAS?
- Cálmate- dijo Sigurd esta vez en un tono imperante, poderoso e irresistible. No por seductor, ni por bonito, sino porque no había manera de haberlo resistido.- Vale, ahora que ya te has calmado seguiré. Tu papel es bastante facilito porque tampoco hay apenas vampiros en Alcorcón. Si, deja de mirarme con incredulidad, la realidad es que hay como cuatro, mas o menos, acabamos de aumentar un tanto por ciento significativo la población de vampiros en la ciudad solo por convertirte. Y uno de ellos es tu... ¿sire? ¿Podemos emplear ese término? Bah, da igual, se lo preguntaré luego a Lorena
- ¿Quien es Lorena?- le preguntó Basildo un tanto mas en sus cabales pero sintiéndose un poco aplastado por la situación.
- La que me hizo. El caso es que ademas con lo que nos ha propuesto Nocturna, no debería ser difícil tener una población de vampiros bastante controlada. Si escogemos a la gente adecuada. Pero como creo que ya sabes lo básico sobre lo que me pasa, es tu turno de preguntas

El silencio se cernió sobre ellos. No le salía nada que preguntar. Era todo demasiado confuso.
- Bueno, si quieres te digo yo cosas y tu me paras- soltó Sigurd viendo que se estaba escapando de las manos la situación.
- Si, por favor, que creo que estoy un poco gilipollas- Basildo dijo esa frase queriendo en realidad estar borracho. Muy borracho. Pero no le salía.
- Venga, va. Te contaré lo típico. Eres un vampiro y bla bla bla. Te afecta el sol, pero el fuego no tanto como los juegos te han hecho creer. El agua no te quema, y tampoco el jabón, así que podrás seguir duchándote tranquilitamente. El ajo no te repelerá, pero... si que te dará bastante asco, a mi me pasa desde que soy vampi. Necesitarás sangre de los vivos para alimentarte, eso creo que lo sabes, y en un par de horas yo que tu iría a buscar un vater porque lo vas a necesitar.
- Oh mierda- afirmó dándose cuenta de algo esencial para su metabolismo
- Exacto


No tardó ni un par de horas. El organismo de Basildo se había adaptado demasiado rápido y el proceso de excreción de todos los órganos que no eran necesarios ya había empezado a darse. Volvieron al Quore, que estaba al lado, y allí Basildo experimentó un dolor curioso que le recorría todo el cuerpo. Eran oleadas muy punzantes que se repetían a medida que su sangre se daba cuenta de que había algo que purgar. El olor, que sin duda podría tumbar de lo apestoso que era a un humano mortal, cubría mas distancia de lo que habría imaginado, y no se acercaba nadie a las escaleras del servicio solo del asco. Pero, como le iba diciendo Sigurd desde la puerta, eso pasaba y era natural.
- Mira, mientras te alivias, que veo que ya no te quejas, te cuento alguna cosilla mas- le dijo Sigurd cuando notó el silencio a su alrededor- Tienes poderes. No se cuales porque esto ni siquiera va por clanes ni mierdas de esas. El caso es que hay poderes que son personales y otros que tenemos todos.
- Bluaaaaaaaargh- escuchó Sigurd desde adentro. "Fuck, se me había olvidado eso".
- Si, a ver, es una alternancia que también ocurre. Luego llamo para que limpien.
- Te estoy odiando ahora mismo- dijo Basildo con voz llorosa
- No, hombre, no exageres- dijo tratando de quitar hierro al asunto.- Si estamos aquí para disfrutar la noche

Cuando salieron, con Basildo visiblemente mejor y ya repuesto, este ya estaba mas vigoroso y decidido a recorrer las calles de la ciudad. Así que en su marcha, Sigurd aprovechó un poco para contarle el resto de cosas referentes a su naturaleza.
- La sangre para nosotros, como ya sabes porque eres muy nerd del tema, lo es casi todo. Con ella podemos desarrollar nuestro físico, podemos hacer cosas sobrenaturales, etc. Pero luego ya sabrás que tenemos cualidades que afectan a otro nivel, y que dependen de nuestra voluntad por que estas ocurran. Antes, por ejemplo, te he mandado calmarte.
- Ha sido espectacular. No he podido ni evitarlo- dijo Basildo asombrado.
- No funciona igual de bien siempre. Pero a grandes rasgos se que no todos tenemos ese poder. Yo lo tengo pero también tengo otros poderes que no se ni como usarlos.
- ¿Nadie te puede enseñar?
- No lo se. Es que hay un poder que es llamar al rayo practicamente, pero no puedo apuntar. Me enfado, sale un rayo, golpea por los alrededores y ya. Solo me sale cuando me cabreo de verdad. Es que encima es un chivato, no puedo disimular, asi que tengo que aprender a no enfadarme a menudo o lo voy a flipar.
- ¿Y cual crees que puedo tener yo?
- ¿Me lo preguntas? ¿En serio? Desealo con todas tus fuerzas y haz que esa mujer de allí- le dijo señalando a una mujer que paseaba por la calle con un vestido ajustado de vinilo- se fije en ti. Solo que se fije en ti.

Basildo miró a la mujer. Tardó un par de segundos, pero lo deseó con todas sus fuerzas. Y entonces algo ocurrió. La mujer se fijó en él, sonriéndole con un color tan blanco en los dientes que desconcertó a ambos. Sigurd, que se temía a donde podía conducir la situación, habló:
- Suficiente- Basildo obedeció


Las calles, o eso les estaba pareciendo a los dos, parecían mas vivas y coloridas en esta noche que en todas las otras noches de su vida. No porque las noches estuvieran mas llenas de vida o no. Sino porque ahora se sentían en su ambiente natural. Adultos y adolescentes paseaban por calles que bien pudieran tener la misma vida que las calles de día en invierno, las luces eran demasiado luminosas, y los bares, por vacios que estuvieran, estaban llenos para su gusto. Tras un pequeño caminar, Sigurd se detuvo junto a un edificio que en otro tiempo había sido una tienda de pintura, en un edificio cualquiera junto a Parque Lisboa. Abrió la verja, vieja y ruidosa, y encendió la luz del local. Era una ruina, estaba sucio y luz era intermitente, pero era suyo, y se sentía orgulloso, ya que era su propiedad mas preciada.
- Te presento nuestro refugio- dijo con una sonrisa de oreja a oreja
Basildo tuvo que rascarse los ojos para creerselo. Vale que unos vampiros que se preciasen no podían llamar la atención, y ese lugar llamaba la atención solo para que las miradas se apartasen al segundo. Pero es que el blanco de las paredes estaba recubierto del gris del polvo. Y el suelo tenía una capa de suciedad que clamaba a gritos un barrerse.
- ¿Esta mierda es nuestro refugio?- dijo Basildo un tanto asustado
- ¿Esto?- dijo Sigurd sorprendido- No, no, esto es la entrada. El refugio está abajo.
En la trastienda había unas escaleras que bajaban a un sótano el cual si que estaba bien iluminado y tenía instalaciones dignas. Era una grandiosa habitación sin contacto con el exterior, como cualquier otro sótano, pero tenía todo lo que necesitaban. Había estanterías, mesas, camas, y dos cuartos de baño.
- Vale, vale, lo retiro, me gusta.
- Por hoy creo que te he soltado demasiadas cosas, así que mañana habrá mas.
- Eeeeeehm vale, pero ¿no crees que debería avisar a Klaus de que no voy a ir?- dijo pensando en que aquí se hallaba un punto crítico. Ahora Sigurd le dominaría y le haría olvidar a sus seres queridos y sus amigos. Era lo corriente en sus historias.
- Es que no se por qué no lo has hecho ya, yo tengo que avisar también a mis padres. Se podrían preocupar- le dijo Sigurd con toda la naturalidad del mundo
- ¿Cómo que...? ¿Es que lo saben?- dijo Basildo mas confundido que nunca
- Claro, y mis amigos también. ¿Por quien me tomas? Son mis confidentes, no se van a chivar.
- Pero... ¿y la mascarada?
- ¿Eing? Eso no existe. Tu solo disimula y que no te pillen. Es como tu trabajo. Tienes que comer, por tanto no se lo digas a todo el mundo. Pero creo que confías en algunas personas. Si por casualidad esas personas nos delatasen a todo el mundo si que habría un problema, pero para eso tienes tu que explicarselo a solo unas pocas personas.
- Bueno, tiene sentido.
- Por cierto, mañana tenemos una tarea imprescindible que hacer. Así que te necesitaré porque lo vas a hacer tu en parte. Tenemos que crear mínimo dos vampiros. La agencia Montejo no se va a hacer sola.
Sigurd se tumbó en la cama. Al momento de hacerlo parecía un cadaver tirado. Dejó de moverse y sus ojos se cerraron.

Basildo trataba de ordenar un poco sus pensamientos. Miró el reloj. Lo cierto es que iba a amanecer. Envió un mensaje a Klaus diciendo que no le esperasen en casa ese día ya que tenía una gestión importante y se prometió decirle lo que ocurría a la noche siguiente.

domingo, 25 de agosto de 2019

CAPITULO 1 (en el que se nos describe a nuestros protagonistas y se nos cuenta por qué lo van a flipar durante bastante tiempo)

Era una noche de Agosto. Sigurd había llegado puntual a la cita, como de costumbre, pero con un factor especial. Estaba nervioso. No nervioso como cuando vas a tener una difícil prueba o vas a estar siendo juzgado, sino nervioso como un adolescente cuando una persona que le gusta le hace caso. Aún así, Sigurd no iba a disfrutar de tales mieles y él no lo sabía. Había quedado en un pub casi desconocido de Alcorcón con una mujer que había conocido hacía unos días en el hotel en el que este trabajaba. Decidió no entrar aún, esperando a su cita.

Y de hecho este podría ser un momento excelente para describir a Sigurd. Durante bastante tiempo, Sigurd fué un hombre regordito y de una altura mediana. Presume, de hecho, de estar regordete, no es solo que lo esté. Físicamente tiene en general, aún a este momento, nada destacable como remarcable. No es una persona atlética, aunque tiene cierta vitalidad, y no es especialmente guapo. En realidad tiene cierta belleza, la belleza que transmite con sus gestos y sus formas, los cuales dan seguridad y te hacen pensar que sabe más de lo que en realidad sabe. Las facciones de su rostro son en general curvas. Sus ojos tampoco son destacables, de un marron oscuro bastante corriente. Sus ropas son una camiseta negra, un pantalón gris con varios bolsillos, y sus zapatillas Paredes Estrella.

Pero si esa noche había sido citado con esa mujer, era por algo. La mujer en concreto le había pedido que fuera como él iba de calle, ya que no se trataba de una entrevista de trabajo al uso. El misterio habrá que mantenerlo como parte de la narración, pero Sigurd sabía de sobra lo que pasaba. Todo. Así que por eso estaba nervioso.

Al poco de esperar apareció Lorena. Se conocieron mientras Sigurd estaba tratando de no explotar por los clientes que le estaban presentando quejas. Mantuvo el tipo todo lo bien que pudo y entonces al final ya pudieron hablar. Parecía que para Lorena era todo un descubrimiento, lo cual sorprendió a Sigurd. Pero a medida que hablaban, Sigurd, que debía de estar aterrado por naturaleza al descubrir la naturaleza de Lorena, se iba emocionando. No todos los días aparecía una mujer de estilo pin up, tenía una conversación como esa y te ofrecía un "trabajo" en un mundillo relacionado con el suyo. Oh, si, Lorena tenía un aspeto de chica pin up con un excesivo gusto por el rojo. Salvo quizá sus ojos, su apariencia tenía en casi todo su cuerpo algo rojo. Su pelo era rojizo, sus labios siempre rojos, su vestido rojo escarlata, sus zapatos de tacón también de un charol rojo brillante... y como pudo apreciar Sigurd, también tenía ese gusto a la hora de decorar lugares.

La estancia a la que llevó a Sigurd era una gran sala con cortinas rojo carmesí de terciopelo. El suelo estaba decorado con un parqué negro y marrón, y había dos sillones tapizados en cuero negro. En uno de los sillones, un hombre estaba atado y amordazado. Se esforzaba por gritar, pero todo esfuerzo era inutil en su situación. A lo sumo lo que podía hacer aquel pobre diablo era retorcerse un poco y tratar de zafarse, por muy futil que fuera su esfuerzo. A Sigurd le pareció que era un poco excesivo todo aquello. Vale que sabiendo lo que sabía, ese hombre estuviera atado, claro. Y vale que los sillones parecían bastante cómodos, pero... había plagios un poco menos descarados que eso.

- Venga, sientate, que empezamos en poco- Le dijo sonriéndole con extraordinaria amplitud
- Tu y David Lynch bien, ¿no?- dijo mientras se dirigía al sillón.

El caso es que, gustoso, Sigurd se sentó.



Basildo era guapo. Así, para empezar. Su cuerpo era alto, delgado y de aspecto atlético. Su pelo era rizado hasta los hombros, además de frondoso y abundante. Sus ojos eran claros y su labios frondosos y jugosos. Además tenía algo que Sigurd no. Variedad cromática en sus prendas. Pero lo que en ese momento definía a Basildo era en realidad la preocupación. Porque llevaban varios días ya sin saber nada de Sigurd. No sabía nadie nada salvo sus padres, que aseguraban que estaba bien y que iba a trabajar y eso. Aun así, Sigurd no había dicho nada a nadie en bastantes días como para que la gente a su alrededor le fuera a dar una ostia si aparecía de repente sin explicación. Basildo no era una excepción a esto al menos en lo que se refiere a estar preocupado por él. Pero mientras caminaba hacia el Quore pensando en la dama con la que había quedado, su preocupación disminuyó y aumentó su excitación. No se explicaba aún como esa mujer, que en la mente de Basildo era posiblemente la mujer mas maciza del mundo, se había fijado en él. Y eso que si Basildo tuviera un superpoder, ese sería atraer a mujeres maduras de cerca de 40 años. Había estado con ese rango de edad desde hacía bastante tiempo. Y Basildo no había llegado a los 30 siquiera. Las lenguas dicen que ni siquiera había llegado a los 20 cuando tuvo su primer lío con una mujer de esa edad.

Como guiado por un instinto sobrenatural, Basildo se dejó llevar por un extraño aroma que solo podía ser de ella. Entre toda la oscuridad del Quore, entre toda esa gente, Basildo solo podía distinguir todo lo que le relacionase con ella. Ahí estaba, en la multitud pero sola, esperándole, con su irresistible encanto. Oh delicia la que en su pecho sentía mientras su corazón latía. El éxtasis que fue el acabar en sus brazos mientras nada mas importaba a su alrededor. El festival del placer solo había comenzado mientras en el servicio notaba una succión deliciosa y extasiante. Era un sueño...

Despertarse le resulto un sueño. Uno muy malo. Uno de furia, hambre y necesidad. Con un rugido que no podía ser humano, Basildo se entregó a sus mas animales instintos y se abalanzó poseído por un aterrador ansia hacia alguien. La montaña rusa acababa de subir otra vez, porque durante unos pocos segundos pudo sentir lo que creía que era el orgasmo de su vida. De su puta vida. De su putísima y miserable vida. Porque aquel modo de fliparlo era algo demencial, sobrenatural, demasiado intenso para el conocimiento mortal. Tenía aquel líquido en su boca y lo estaba saboreando en todo su cálido esplendor. Entonces relajó todos los miembros de su cuerpo, se dejó tirarse y notó que algo se le caía. Quizá fue ese sonido el que le despertara, o quizá lo fuera que estaba saciado, pero al mirar abajo quiso estar muerto. De seguras que un muerto había, pero como podía comprobar, no era él. Él estaba muy vivito y acababa de tener a ese pavo entre sus brazos. Porque si, era un hombre, trajeado. Estaba seco, sin una sola gota de sangre, y por tanto de un color un tanto antinatural. Para mas horror, al menos al principio, Basildo se pasó un dedo por la comisura de los labios y se dispuso a notó que en efecto le había drenado él la sangre. Su sorpresa, como descubrió, acababa de empezar. Porque al mirar a un lateral estaba ahí Sigurd. Estaba hablando con la mujer con la que había quedado.

- Puedes retirarte, Mabi- le dijo con cierto tono autoritario mientras observaba a Basildo detenidamente- Y muchas gracias
- No hay que darlas, Domine- dijo la mujer, la cual por motivos que Basildo no comprendía, no se terminaba de parecer a como la recordaba- Llameme si me necesita de nuevo.
- Claro, claro- dijo a Mabi sin mirarla siquiera. Sonrió y entonces cambió de interlocutor- Buenas Basil.

Basildo seguía flipando y no sabía ni como arrancar. Podía darle dos ostias, podía preguntarle, podía darle un abrazo o bien podía ponerse a llorar porque no entendía una puta mierda de lo que estaba sucediendo.


- ¿Sigurd?- dijo mientras aún tenía el cadaver cerca y estaba tirado en el suelo- ¿Qué mierdas estas haciendo aquí y qué me ha pasado?
- A ver, a ver, tranquilo- dijo Sigurd mientras intentaba que este no se arrancara por soleares ni por peteneras- De momento levantate.
- Y me lo dices así, sin mas. Y querrás que esté normal ahora que tengo aquí a un tio a mi regazo.- dijo levantándose y tirando lo poco que estaba sosteniendo de cadaver al suelo- De paso le canto si quieres una nana para que duerma mejor. Ah, no, que está muerto. Y que le he matado yo.
- Si, si, a ver, relax. Eso pasa.
- No, no, Sigurd, no pasa. No pasa y eso me convierte en un asesino en realidad.
- Es un modo de verlo pero a lo mejor se te escapa algo.
- ¡Ah que bien, que hay mas!
- ¿No te notas un poco... vampiro?

Basildo quería atizarle por gracioso, pero si se detenía a pensarlo, en efecto le acababa de chupar la sangre a uno. Así que se calmó.
- Pues ahora que lo dices...- dijo mas relajado- Un tanto vampiro si que me noto.
- Vamos a darnos una vuelta- dijo Sigurd mientras escribía por el movil- El servicio de limpieza llegará pronto y ya tienen instrucciones sobre lo que hacer.
- Ehm... ¿una vuelta? ¿No me vas a decir aquí lo que pasa?
- No. Es que es mucho y requiere tiempecillo y ambiente. Y fuera hace una noche maravillosa.
- Bueno, vale. Ya no tengo prisa en realidad. Me has anulado la cita.
- No me puedo creer que el friki de los vampiros se vaya a quejar ahora de ser uno.- dijo Sigurd con cara de circunstancia
- No me quejo de ser vampiro. Me quejo de que no me has dicho nada, te has tomado esto con toda la libertad.
- Luego te contaré por qué.

Mientras se adentraban en la noche y salían del Quore, una furgoneta negra se detenía en la puerta para dejar a unos hombres entrar en el local. Sigurd sonreía. Parecía que algunas cosas salían bien. Al menos esas. Basildo directamente no se atrevía a sonreír. Vete tu a saber si los colmillos, que notaba mas afilados, le podrían delatar.