domingo, 25 de agosto de 2019

CAPITULO 1 (en el que se nos describe a nuestros protagonistas y se nos cuenta por qué lo van a flipar durante bastante tiempo)

Era una noche de Agosto. Sigurd había llegado puntual a la cita, como de costumbre, pero con un factor especial. Estaba nervioso. No nervioso como cuando vas a tener una difícil prueba o vas a estar siendo juzgado, sino nervioso como un adolescente cuando una persona que le gusta le hace caso. Aún así, Sigurd no iba a disfrutar de tales mieles y él no lo sabía. Había quedado en un pub casi desconocido de Alcorcón con una mujer que había conocido hacía unos días en el hotel en el que este trabajaba. Decidió no entrar aún, esperando a su cita.

Y de hecho este podría ser un momento excelente para describir a Sigurd. Durante bastante tiempo, Sigurd fué un hombre regordito y de una altura mediana. Presume, de hecho, de estar regordete, no es solo que lo esté. Físicamente tiene en general, aún a este momento, nada destacable como remarcable. No es una persona atlética, aunque tiene cierta vitalidad, y no es especialmente guapo. En realidad tiene cierta belleza, la belleza que transmite con sus gestos y sus formas, los cuales dan seguridad y te hacen pensar que sabe más de lo que en realidad sabe. Las facciones de su rostro son en general curvas. Sus ojos tampoco son destacables, de un marron oscuro bastante corriente. Sus ropas son una camiseta negra, un pantalón gris con varios bolsillos, y sus zapatillas Paredes Estrella.

Pero si esa noche había sido citado con esa mujer, era por algo. La mujer en concreto le había pedido que fuera como él iba de calle, ya que no se trataba de una entrevista de trabajo al uso. El misterio habrá que mantenerlo como parte de la narración, pero Sigurd sabía de sobra lo que pasaba. Todo. Así que por eso estaba nervioso.

Al poco de esperar apareció Lorena. Se conocieron mientras Sigurd estaba tratando de no explotar por los clientes que le estaban presentando quejas. Mantuvo el tipo todo lo bien que pudo y entonces al final ya pudieron hablar. Parecía que para Lorena era todo un descubrimiento, lo cual sorprendió a Sigurd. Pero a medida que hablaban, Sigurd, que debía de estar aterrado por naturaleza al descubrir la naturaleza de Lorena, se iba emocionando. No todos los días aparecía una mujer de estilo pin up, tenía una conversación como esa y te ofrecía un "trabajo" en un mundillo relacionado con el suyo. Oh, si, Lorena tenía un aspeto de chica pin up con un excesivo gusto por el rojo. Salvo quizá sus ojos, su apariencia tenía en casi todo su cuerpo algo rojo. Su pelo era rojizo, sus labios siempre rojos, su vestido rojo escarlata, sus zapatos de tacón también de un charol rojo brillante... y como pudo apreciar Sigurd, también tenía ese gusto a la hora de decorar lugares.

La estancia a la que llevó a Sigurd era una gran sala con cortinas rojo carmesí de terciopelo. El suelo estaba decorado con un parqué negro y marrón, y había dos sillones tapizados en cuero negro. En uno de los sillones, un hombre estaba atado y amordazado. Se esforzaba por gritar, pero todo esfuerzo era inutil en su situación. A lo sumo lo que podía hacer aquel pobre diablo era retorcerse un poco y tratar de zafarse, por muy futil que fuera su esfuerzo. A Sigurd le pareció que era un poco excesivo todo aquello. Vale que sabiendo lo que sabía, ese hombre estuviera atado, claro. Y vale que los sillones parecían bastante cómodos, pero... había plagios un poco menos descarados que eso.

- Venga, sientate, que empezamos en poco- Le dijo sonriéndole con extraordinaria amplitud
- Tu y David Lynch bien, ¿no?- dijo mientras se dirigía al sillón.

El caso es que, gustoso, Sigurd se sentó.



Basildo era guapo. Así, para empezar. Su cuerpo era alto, delgado y de aspecto atlético. Su pelo era rizado hasta los hombros, además de frondoso y abundante. Sus ojos eran claros y su labios frondosos y jugosos. Además tenía algo que Sigurd no. Variedad cromática en sus prendas. Pero lo que en ese momento definía a Basildo era en realidad la preocupación. Porque llevaban varios días ya sin saber nada de Sigurd. No sabía nadie nada salvo sus padres, que aseguraban que estaba bien y que iba a trabajar y eso. Aun así, Sigurd no había dicho nada a nadie en bastantes días como para que la gente a su alrededor le fuera a dar una ostia si aparecía de repente sin explicación. Basildo no era una excepción a esto al menos en lo que se refiere a estar preocupado por él. Pero mientras caminaba hacia el Quore pensando en la dama con la que había quedado, su preocupación disminuyó y aumentó su excitación. No se explicaba aún como esa mujer, que en la mente de Basildo era posiblemente la mujer mas maciza del mundo, se había fijado en él. Y eso que si Basildo tuviera un superpoder, ese sería atraer a mujeres maduras de cerca de 40 años. Había estado con ese rango de edad desde hacía bastante tiempo. Y Basildo no había llegado a los 30 siquiera. Las lenguas dicen que ni siquiera había llegado a los 20 cuando tuvo su primer lío con una mujer de esa edad.

Como guiado por un instinto sobrenatural, Basildo se dejó llevar por un extraño aroma que solo podía ser de ella. Entre toda la oscuridad del Quore, entre toda esa gente, Basildo solo podía distinguir todo lo que le relacionase con ella. Ahí estaba, en la multitud pero sola, esperándole, con su irresistible encanto. Oh delicia la que en su pecho sentía mientras su corazón latía. El éxtasis que fue el acabar en sus brazos mientras nada mas importaba a su alrededor. El festival del placer solo había comenzado mientras en el servicio notaba una succión deliciosa y extasiante. Era un sueño...

Despertarse le resulto un sueño. Uno muy malo. Uno de furia, hambre y necesidad. Con un rugido que no podía ser humano, Basildo se entregó a sus mas animales instintos y se abalanzó poseído por un aterrador ansia hacia alguien. La montaña rusa acababa de subir otra vez, porque durante unos pocos segundos pudo sentir lo que creía que era el orgasmo de su vida. De su puta vida. De su putísima y miserable vida. Porque aquel modo de fliparlo era algo demencial, sobrenatural, demasiado intenso para el conocimiento mortal. Tenía aquel líquido en su boca y lo estaba saboreando en todo su cálido esplendor. Entonces relajó todos los miembros de su cuerpo, se dejó tirarse y notó que algo se le caía. Quizá fue ese sonido el que le despertara, o quizá lo fuera que estaba saciado, pero al mirar abajo quiso estar muerto. De seguras que un muerto había, pero como podía comprobar, no era él. Él estaba muy vivito y acababa de tener a ese pavo entre sus brazos. Porque si, era un hombre, trajeado. Estaba seco, sin una sola gota de sangre, y por tanto de un color un tanto antinatural. Para mas horror, al menos al principio, Basildo se pasó un dedo por la comisura de los labios y se dispuso a notó que en efecto le había drenado él la sangre. Su sorpresa, como descubrió, acababa de empezar. Porque al mirar a un lateral estaba ahí Sigurd. Estaba hablando con la mujer con la que había quedado.

- Puedes retirarte, Mabi- le dijo con cierto tono autoritario mientras observaba a Basildo detenidamente- Y muchas gracias
- No hay que darlas, Domine- dijo la mujer, la cual por motivos que Basildo no comprendía, no se terminaba de parecer a como la recordaba- Llameme si me necesita de nuevo.
- Claro, claro- dijo a Mabi sin mirarla siquiera. Sonrió y entonces cambió de interlocutor- Buenas Basil.

Basildo seguía flipando y no sabía ni como arrancar. Podía darle dos ostias, podía preguntarle, podía darle un abrazo o bien podía ponerse a llorar porque no entendía una puta mierda de lo que estaba sucediendo.


- ¿Sigurd?- dijo mientras aún tenía el cadaver cerca y estaba tirado en el suelo- ¿Qué mierdas estas haciendo aquí y qué me ha pasado?
- A ver, a ver, tranquilo- dijo Sigurd mientras intentaba que este no se arrancara por soleares ni por peteneras- De momento levantate.
- Y me lo dices así, sin mas. Y querrás que esté normal ahora que tengo aquí a un tio a mi regazo.- dijo levantándose y tirando lo poco que estaba sosteniendo de cadaver al suelo- De paso le canto si quieres una nana para que duerma mejor. Ah, no, que está muerto. Y que le he matado yo.
- Si, si, a ver, relax. Eso pasa.
- No, no, Sigurd, no pasa. No pasa y eso me convierte en un asesino en realidad.
- Es un modo de verlo pero a lo mejor se te escapa algo.
- ¡Ah que bien, que hay mas!
- ¿No te notas un poco... vampiro?

Basildo quería atizarle por gracioso, pero si se detenía a pensarlo, en efecto le acababa de chupar la sangre a uno. Así que se calmó.
- Pues ahora que lo dices...- dijo mas relajado- Un tanto vampiro si que me noto.
- Vamos a darnos una vuelta- dijo Sigurd mientras escribía por el movil- El servicio de limpieza llegará pronto y ya tienen instrucciones sobre lo que hacer.
- Ehm... ¿una vuelta? ¿No me vas a decir aquí lo que pasa?
- No. Es que es mucho y requiere tiempecillo y ambiente. Y fuera hace una noche maravillosa.
- Bueno, vale. Ya no tengo prisa en realidad. Me has anulado la cita.
- No me puedo creer que el friki de los vampiros se vaya a quejar ahora de ser uno.- dijo Sigurd con cara de circunstancia
- No me quejo de ser vampiro. Me quejo de que no me has dicho nada, te has tomado esto con toda la libertad.
- Luego te contaré por qué.

Mientras se adentraban en la noche y salían del Quore, una furgoneta negra se detenía en la puerta para dejar a unos hombres entrar en el local. Sigurd sonreía. Parecía que algunas cosas salían bien. Al menos esas. Basildo directamente no se atrevía a sonreír. Vete tu a saber si los colmillos, que notaba mas afilados, le podrían delatar.

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